Valencia de Alcántara se encuentra a tan sólo once kilómetros de la frontera con Portugal y a casi cien de Cáceres. Está enclavada en una zona con un microclima especial, lo que hace que tenga un bosque de robles y castaños, además de los típicos árboles de esta tierra, los alcornoques y las encinas. En cuanto a la fauna, muchas de las especies que habitan esta región están protegidas. Por estas razones hace poco se creó el Parque Internacional del Tajo, en cuyo corazón se encuentra Valencia de Alcántara.

Si los paisajes son incomparables, hay otro detalle que los hace únicos: los dólmenes. En efecto, se trata sin duda de una de las zonas con más concentración megalítica de toda la Península. Últimamente además se ha llevado a cabo una dura tarea de restauración y señalización para que cualquier visitante pueda encontrarlos y verlos de la manera en que eran hace miles de años. Entonces había 55 dólmenes, la mayoría de granito, aunque también tiene algunos de pizarra. Por desgracia algunos desaparecieron, unos por el abandono, otros por la ignorancia de buscadores de tesoros que los destrozaron creyendo que contenían riquezas en su interior.

La campiña que rodea Valencia de Alcántara cuenta con variedad de caseríos y pedanías como Las Lanchuelas, El Pino, Las Casiñas, La Fontañera, Jola, San Pedro de los Majarretes, las Huertas de Cansa, la Aceña de la Borrega o Alcorneo. Pero no hay que olvidar la propia Valencia de Alcántara. La localidad en sí está llena de historia. Su situación fronteriza la ha hecho escenario notorio a lo largo de los años. Uno de los hechos más importantes acaecidos aquí ha sido quizá la boda del rey portugués don Manuel con la princesa española doña Isabel, hija de los Reyes Católicos, en 1497. Cada año Valencia de Alcántara celebra su Boda Regia, una fiesta de gran interés turístico, en homenaje a tan importante acontecimiento.

Las calles en sí también cuentan historias. El visitante puede perderse en las callejuelas del barrio gótico-judío, subir al castillo y admirar las bellas panorámicas, visitar dos iglesias e incluso una sinagoga… El visitante no podrá irse sin degustar los productos típicos de la zona. Una buena tapa de queso o de jamón ibérico le ayudará sin duda a recuperarse del paseo dado…