Candidata a Patrimonio Mundial de la Humanidad, es una de las más bellas y emblemáticas ciudades del Alentejo. Conquista de inmediato a quien la visita con sus paisajes espectaculares y una conservación ejemplar de su riqueza monumental, que combina el caserío blanco con un importante patrimonio natural y edificado.

Cercana a la frontera con España, rodeada por el río Sever y en pleno corazón del Parque Natural de la Sierra de San Mamede, Marvão es el territorio alentejano de mayor altitud. Sus magníficas panorámicas y su diversidad paisajística sorprenden al visitante, pues desde un mismo mirador puede observar zonas salvajes de montaña y fértiles valles donde la actividad agrícola casa a la perfección con la flora y la fauna del lugar. La vista llega incluso hasta la misma frontera y la sobrepasa.

Debido a estas condiciones sin igual, la región fue poblada desde muy pronto: ya desde la prehistoria había asentamientos. Los romanos también estuvieron aquí presentes, pero fueron los árabes quienes supieron sacar mejor partido de su estratégica situación, construyendo un castillo que era poco menos que inexpugnable. Sólo en la época de la Reconquista cambió de manos. Desde entonces, ha formado parte de la cadena de castillos que vigilaban la frontera con la vecina España.

Fiel a sus raíces, esta pequeña ciudad mantiene viva sus tradiciones que van de la gastronomía a la artesanía, estando en condiciones de ofrecer a sus visitantes lo mejor de la región.